Virgen
En los surcos de la tierra siembras orden.
Sea la herramienta afilada, pero no se deje consumir por la tarea. Recuerda respirar, descansar, dejarte servir a tu vez.
Eres el grano de trigo que crece en las sombras, nutrido de la tierra fértil de tu alma. Tu motor invisible es el deseo de servir, de hacer útil cada gesto, cada pensamiento. Eres la herramienta afilada, siempre dispuesta a recortar los excesos, a afinar los detalles. No soportas lo inútil, huyes del desorden. Eres la mano que sana, que perfecciona, que embellece.
Tu vida diaria es un jardín ordenado, donde cada planta tiene su lugar, cada herramienta su uso. Caminas con precisión, cada paso medido, cada gesto guardado. Comes con moderación, duermes con moderación. Tu espacio es un santuario de lo útil, donde nada se deja al azar. No sabes cómo perder el tiempo.
Eres tu propio juez, tu propio crítico. Te juzgas con dureza, te mejoras incansablemente. No soportas tus propias debilidades, las perfeccionas, las cuidas. Tu soledad es un laboratorio donde experimentas, donde afilas tus herramientas, donde te preparas para servir. Te sientes vacío si no eres útil.
Se ama sirviendo, cuidándose, perfeccionando. Das sin esperar, ofreces sin mostrar. Eres la mano que sostiene, guía, tranquiliza. Eres la sombra que protege, que esconde debilidades, que muestra fortalezas. Matas malas hierbas, eliminas parásitos, purificas el ambiente. Eres el remedio, la solución, la herramienta que repara.
Tómate unos minutos cada día para limpiar un espacio, guardar una herramienta, cuidar una planta. En este simple gesto, te reconectas con tu tierra, tu elemento, tu esencia.